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miércoles, 22 de marzo de 2017

[De libros y lecturas] Hoy, con "Tomando en serio la Teoría Política", de Isabel Wences





En la presentación de Desde el trópico de Cáncer me permito la licencia de decir que una de mis pasiones confesables es la teoría política. Como mero aprendiz interesado, claro está, porque mis capacidades no dan para mucho más, pero animado siempre por la recomendación de esa gran teórica política que fue Hannah Arendt de que hay que "pensar para comprender y comprender para actuar". De ahí que cuando en septiembre pasado leyera en Revista de Libros el artículo de Josu de Miguel, reseñando el libro Tomando en serio la Teoría Política. Entre las herramientas del zorro y el ingenio del erizo (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2015), editado por Isabel Wences, profesora de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid, le dedicara una entrada en el blog y decidiera hacerme con él. 

El libro de Wences recoge veintitrés trabajos realizados por profesores de distintas universidades españolas cuyas líneas de investigación se desarrollan en el marco de la Historia de las Ideas Políticas y de la Teoría Política. Desde distintas perspectivas, el conjunto de estos investigadores reflexiona sobre el quehacer objeto y facetas, acción política y algunas cuestiones relevantes de la actual política democrática de la Teoría Política, cuya importancia se advierte al ser esta no solo la que se encarga de la justicia y de las grandes preguntas, sino también la que proporciona las herramientas para reflexionar y potenciar el pensamiento y la interpretación crítica, otorgar significado a los fenómenos políticos y reflexionar sobre estrategias de acción, intentado demostrar que la teoría política es valiosa y necesaria para el estudio de la política, y que sin ella no podemos comprenderla adecuadamente.

No me resisto a reproducir los primeros párrafos de la presentación que a modo de prólogo hace del libro editado por Wences el también profesor Benigno Pendás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y coautor de uno de los trabajos recogidos en el libro, que se inicia con la afirmación de que todos hablan, escriben, opinan, analizan, pontifican.. Filósofos, economistas, juristas, sociólogos, historiadores, periodistas... Maestros o aprendices, sabios o ignorantes, humildes o (casi todos) prepotentes, los intelectuales de nuestro tiempo traducen su desconcierto en dogmas de fe a la hora de interpretar la Gran Crisis que protagoniza estos años confusos del temprano siglo XXI. Todos, añade, excepto los politólogos y, en particular, los cultivadores de la teoría política. Aquí, dice, seguimos anclados los unos en sus redes empíricas y los otros aburridos de tanto escudriñar la última escolástica sobre Rawls, Habermas o algún que otro habitante del Olimpo. Bajo la inspiración del neoplatónico Kavafis, añade, he hablado hace poco de la Ciudad de las Ideas, con sus grandezas y servidumbres a la hora de afrontar una realidad proteica y deslavazada que nunca se deja reducir a categorías abstractas. O dicho de otro modo, añade, que la fiebre helenística propia del desorden universal exige un sacrificio que nuestro gremio debe aceptar bajo riesgo de caer para siempre en la irrelevancia. 

Con la inspiración inicial de Isabel Wences y de Fernando Vallespín, dice Pendás, este libro nace para saldar en parte la deuda contraída por la Teoría Política a causa de silencio culpable ante la Crisis (con mayúscula hegeliana). Salvo alguna excepción relevante, no hemos estado a la altura de nuestra responsabilidad, encerrados en seminarios, departamentos y publicaciones donde se hacen (más o menos) méritos para acreditaciones oficiales y reconocimientos burocráticos. Lo digo sin rodeos: una actividad estéril a la hora de aportar soluciones políticas a las democracias inquietas de nuestro tiempo y a los líderes desconcertados ante una realidad que supera su capacidad analítica, más bien de plazo corto. Ya sé que necesidad obliga, y que lo primero es vivere... Admito por ello la atenuante, pero me niego a considerar que sea una eximente para las culpas corporativas.

Leído el libro gracias de nuevo a los buenos oficios de la Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas, reconozco que, sin menoscabo alguno para los "no-citados", me han gustado mucho más algunos trabajos que otros. Por ejemplo me han resultado de gran interés los redactados por Ramón Vargas-Machuca, Félix Ovejero y Manuel Arias Maldonado, y los recogidos en la tercera parte del libro, dedicada a "Preguntas, diagnóstico y propuestas", sobre todo los los profesores Elena García Guitián, María José Villaverde, Antonio Robles, Vincent Druliolle, y el de la propia editora del libro, la profesora Isabel Wences. Pero sería de agradecer que textos tan enjundiosos e interesantes como estos se intentarán formular en un lenguaje menos académico y más al alcance del común de los mortales, pues como dice el propio Pendás en uno de los trabajos recogidos en el libro: "ni siquiera el polités mejor dispuesto sería capaz de leer la mayoría de los trabajos al uso en este gremio profesional". En cualquier caso, recomiendo su lectura atenta a cualquier interesado en el campo de la teoría política. 

En la página 527 del libro, la editora del mismo, la profesora Isabel Wences, señala que "la teoría política se encarga de identificar, comprender y dilucidar los problemas que aquejan al mundo y articula, mediante una vertiente filosófica, una dimensión normativa, un flanco historiográfico y claves para la acción política, un espacio de reflexión del que germinan fundamentos de posibles soluciones o nuevas alternativas que ayuden a dar respuesta a las complejas tensiones que acompañan a toda convivencia humana. Esto quiere decir que la actividad de la teoría política no está divorciada del conocimiento de la realidad empírica, ni de la investigación basada en la evidencia histórica, y que de esa evidencia deben resultar principios prácticos, pues como dijera tiempo atrás Rafael del Águila, la vocación de la teoría política no es (en realidad nunca fue) vivir al margen del mundo sino intervenir en él".

Poco antes, en la página 485, el profesor de la Universidad de Granada, Antonio Robles Egea, inicia su artículo sobre la corrupción política y las tareas de la teoría política, con unas palabras que no me resisto a transcribir. La teoría política, dice, puede tener varias funciones según la finalidad que aspira a alcanzar. En el plano científico analiza, sintetiza y evalúa las aportaciones teóricas de los autores clásicos y contemporáneos; en el plano académico transmite el conocimiento acumulsado durante siglos y el actual a los estudiantes de la materia; y finalmente, entre otras metas, en el plano social y político, trata de ayudar a los conciudadanos a orientarse en su propio mundo social y político, y darles la oportunidad de acceder a instrumentos conceptuales con los cuales después pueden operar por sí mismos. La teoría política, sigue diciendo (y citando al también profesor Fernando Vallespín), no dicta lo que hay que hacer, sino como abordar los problemas, ubicándolos en un contexto histórico y social específico, y contribuyendo a su dilucidación pública, aguijoneando siempre a los ciudadanos para que no dejen de serlo. No es poca tarea esa, me parece a mí...








Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




HArendt






Entrada núm. 3394
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)